Terapia Grupal

Cuando yo participé por primera vez en un grupo de Terapia Grupal, no entendía por qué a través de la música y el movimiento libre podía conectar con una emoción, por qué expresando en voz alta lo que nos estaba pasando me hacía descansar, a la vez que ayudaba a otra persona a conectar con algún darse cuenta, por qué cuando acababa plasmando lo que me había sentido o conocido con alguna dinámica en una hoja a través de la escritura o en una cartulina con pinturas o con materiales reciclados, mi mente y mi cuerpo se sentían más alineados y serenos que nunca…y sí, eso me llevaba a mi mayor darme cuenta.
Cuando todo eso sucedía yo me sentía más que nunca conectada con mi esencia y eso se lo debo al grupo.

A mí se me abrió un verdadero universo, el grupo fue esa combinación perfecta donde mi mente pasa a descansar para darle paso a lo que siento a través de mi cuerpo.
Aprendí a decir sí, a decir no, a poner y delimitar los límites conmigo y con el otro.

Mi profesora decía: “Esto es el ensayo general de la vida, cuando salgáis a escena podéis poner en práctica todos esos recursos que estáis aplicando aquí”.

Unos los aprendes antes, otros después, otros te quedan como asignaturas pendientes simplemente porque no es el momento, pero la riqueza del grupo es de un valor inmenso. El grupo como mi cuerpo me hizo de caja de resonancia, los terapeutas con los que tuve el privilegio de trabajar eran una herramienta más. Y así he aprendido a trabajar yo, observando, respetando, dando el espacio, la confianza, la seguridad, la ternura y el valor que es necesario cuando un grupo de personas se abre y se muestra de la manera más valiente que yo he conocido nunca, en su fragilidad y en su parte más vulnerable.

Pude ver en otros mis propias sombras, pude aceptarlas e integrarlas, pude aprender a comunicarme desde mí, sin tirar balones fuera, responsabilizándome de lo mío y ahí es cuando conocí la libertad de no depender de nadie para sanar.

Pude ver cómo proyectaba en otros mis miedos, aprendí a pedir, a aclarar dudas en lugar de hacer suposiciones que me restaban energía.

Y así es como me puedo comprometer a acompañar a un grupo como terapeuta, desde mi propia experiencia. Con una mirada amorosa, respetuosa, creando un espacio de confidencialidad y seguridad, facilitando el espacio físico y virtual…

Y ahí quería llegar. De igual modo que lo he explicado en el apartado de Terapia Individual, ha sido muy grata y nutritiva la sorpresa que me he llevado debido a la nueva situación y es el que la pantalla no sea una barrera, he sentido el calor, la cercanía, nos hemos mirado a los ojos, hemos llorado y reído, igual que lo hubiéramos hecho en una sala.

La terapia grupal te deja ver cómo te relacionas en las diferentes áreas de tu vida, como te relaciones contigo, con el otro y con el mundo, para luego salir a la vida real y empezar a vivirla de una manera más sana y auténtica.